Plataformas audiovisuales: un ocio digital diseñado para el consumo desenfrenado (y engancharnos)
Las plataformas audiovisuales ganan dinero con nuestro tiempo, con nuestra atención. Ni siquiera la reproducción automática de Netflix da un respiro. En cinco segundos salta al próximo contenido, cuando meses atrás te permitía unos 10 por si decidías parar. Esto va de un consumo desenfrenado. Y también de cierta adicción normalizada.
Infinidad de conversaciones giran en torno a series y películas. Buena parte de la vida social se construye sobre este contenido. A nadie sorprende que un amigo comente que ayer se acostó a las cuatro de la mañana porque no podía parar de ver, por ejemplo, Juego de Tronos. Todo pensado para que permanezcas ahí pegado. Puedes saltarte los créditos, introducciones y hasta ver al doble de velocidad películas y series.
Como explica Gabriela Paoli, psicóloga experta en adicciones tecnológicas, a su consulta cada vez llegan más pacientes con este tipo de comportamiento. “Algunos me dicen que están con tres monitores a la vez. En uno juegan, en otro ven una serie y en el tercero navegan”, asegura.
Detrás de la voracidad, del enganche seriéfilo, existe una explicación fisiológica. La segregación de endorfinas y dopamina que recompensa a nuestro cuerpo ante la satisfacción de no parar de consumir capítulos y capítulos.
“El cerebro es muy vago. Si le das algo que alimenta su bienestar, enseguida te recompensa. Luego te das cuenta de que has estado muchísimo tiempo haciendo únicamente esa actividad”, razona García. “Creo que el principal peligro es ser inconscientes de que nos comportamos de esta manera. Y es como el día de la marmota. Una y otra vez repetimos la misma actitud”, matiza.
La pandemia ha agudizado la reclusión en casa. Aquí es donde el ocio digital se hace fuerte. El ascenso imparable de usuarios se ha detenido en estos últimos meses, pero cualquier plataforma cuenta sus suscriptores por millones. Según el cofundador de Filmin, las sociedades han de afrontar el dilema acerca de cómo gestionar la abundancia de entretenimiento. No aporta una respuesta contundente salvo que el proceso de aprendizaje acaba de empezar.






